Y es que, en estos tiempos de prosa acelerada, hemos perdido el compás, el ritmo y, sobre todo, el propósito. Se convirtió en consigna, en promesa y en hashtag. Hoy parece que lo que está de moda es hablar de cansancio, desgaste o de límites. Pero la pasión no se mide en entusiasmo visible; se nota en cómo se hacen las cosas, en el cuidado, en la precisión, en la atención silenciosa. Y quizá la pasión, esa pasión discreta que se nota y no se grita, sea exactamente eso: un hábito.