Mariana en la tarima del algoritmo. El público aplaudió, Samuel sonrió, la promesa quedó flotando en el aire como globo desinflado en fiesta patronal. Niños en fila, niños abrazados, niños convertidos en escenografía de campaña. El algoritmo premia la apariencia, el público consume la ilusión, y la política se disfraza de reality show. La cumbia sigue sonando en la plaza, el eco revela la verdad.