“El dinero no da la felicidad”. Sin embargo, en las últimas décadas la creciente crisis económica y la inestabilidad laboral han hecho que esta frase pierda sentido. Quizá el debate no radica en si el dinero da o no la felicidad. Lo alarmante es haber reducido la felicidad a la capacidad de consumir y el valor de las personas al tamaño de sus cuentas bancarias. Mientras sigamos capitalizando cada aspecto de nuestra vida, el dinero continuará apareciendo como la condición necesaria para alcanzar pequeños momentos de bienestar y felicidad.