La familia se instaló en la ciudad de Limerick, donde el autor creció junto a sus hermanos. El padre, alcohólico, tenía serios problemas para conservar un empleo, por lo que la madre, Ángela, se erige en la figura nuclear que los sostiene. Mientras crece, logra sacar fuerza de la desdicha pensando en el futuro, en la posibilidad de algo mejor. Y el humor: cuán importante es el sentido del humor en Las cenizas de Ángela. Y es que, como escribió Gabriel García Márquez en sus memorias, “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”.