Yo seguí dedicándome al periodismo científico, pero nunca miré atrás a la muerte, el sufrimiento, el activismo, el odio y la impotencia de aquellos tiempos. Yo conocía personalmente a toda esa gente que murió, las personas sobre las que hablo en el libro. Era ilegal ser gay en todo Estados Unidos en 1981 y en muchos países del mundo. No teníamos representación ninguna en la ciencia, en la academia, en la cultura, en la política. Nadie en el sistema científico de Estados Unidos estudiaba esto en esa época, los únicos en el mundo que lo estaban haciendo entonces eran los investigadores del Instituto Pasteur, en Francia.