“Nos acercamos el sábado y el domingo a ver la colegiata y nos fue imposible, como a otras personas. Según Montero, algo disgustó al obispado, que retiró la llave al vecindario y se la encomendó a un diácono. ¿Qué posibilidades hay de que un visitante que se encuentra con la puerta cerrada de un monumento vuelva a intentarlo? El reverso de esa situación es el perjuicio para el monumento y para el propio pueblo y la zona en la que se asienta. Desde la Fundación Santa María la Real apelan a un acuerdo beneficioso para la conservación de la colegiata y la promoción del pueblo, mientras asumen que la actual situación de descuido resulta poco ejemplar.