Para comprender aquel hecho debemos regresar a una época en la que el prejuicio se presentaba como ciencia y la discriminación como cuidado. Se afirmaba que el deporte intenso dañaba la salud femenina, comprometía la maternidad y deformaba una delicadeza natural. Antes de vencer al mar, Trudy tuvo que atravesar una corriente más profunda: la de una cultura que confundía feminidad con fragilidad. ¿Cuántas veces una institución, una familia o una sociedad decide de antemano qué puede hacer una mujer? Porque cada vez que una mujer conquista y ejercita su libertad, la humanidad entera alcanza una orilla más digna.