Alejandra y Valentina quedaron atrapadas bajo los pilares del edificio cuando el fuerte temblor de 7,4 grados desplomó el techo sobre la habitación en la que dormían. “No llegó y fui a buscarla a los hoteles en los que se solía quedar. Ella habla, coopera, dice que le duele la pierna y que no la toquemos, pero hemos tenido que hacer trabajo con maquinaria pesada. Ha sido muy valiente, ha soportado y en todo momento nos ha respondido”, explica Ocampo a este medio. El desbordamiento también se evidenció en la tardanza en la retirada de algunos de los cuerpos de las víctimas mortales del sismo.