La inteligencia artificial, la robótica, los nuevos materiales, la biotecnología, la computación cuántica o la transición energética están redefiniendo la manera en que entendemos el mundo y construimos el futuro. Queremos que dominen las matemáticas, la física, la programación, el análisis de datos o el diseño de sistemas complejos. La historia demuestra que la tecnología nunca ha sido buena o mala por sí misma. Todo depende de los valores, las convicciones y la calidad humana de quienes la conciben y la utilizan. También necesita cultivar la empatía, la integridad, la sensibilidad social, la capacidad de escuchar, el compromiso con el bien común y la disposición para comprender realidades distintas a la propia.