Ahí está el penal que casi siempre se falla: dar por fijo lo que en realidad se mueve, son cientos de variables, que no están en nuestro control. El primero es confundir lo que entra con lo que queda. El dinero extraordinario se siente distinto y, por eso, se gasta distinto. Casi todo lo que protege un ingreso extraordinario, es decir, cómo lo recibes, en qué vehículo, con qué orden fiscal tiene que decidirse antes. Porque lo planeé, porque cuando lo extraordinario se piensa con la misma seriedad que todo lo demás, deja de ser un lujo irresponsable y se vuelve una decisión.