Pero sí es la que se hace a diario una madre que cuida de su hija con discapacidad intelectual. No quiere decidir por ella, sino saber que, cuando falte, nadie podrá engañarla, abusar de ella o aprovecharse de su condición. Era una mala respuesta, pero la tenía: el estado de interdicción. Ordinariamente estas historias quedaron resguardadas en el secreto judicial de un tribunal familiar. Todavía necesita saber quién acompañara a su hija cuando ella falte y qué mecanismos impedirán que abusen de ella.