Y no se han quedado con los “brazos cruzados” y se han puesto en marcha maniobras políticas para enfrentar el problema. “Es el momento de una respuesta formal, institucional y colectiva… para defender la democracia, la seguridad y la paz de la región”, dijo el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak. Recientemente, Eliseo Núñez, excónsul de Nicaragua en Nueva York, avizoraba que “Desde Managua se pueden tomar decisiones que entorpezcan la seguridad de Estados Unidos”, mientras que Arturo McFields, exembajador de Nicaragua ante la OEA, confío en que pronto, con la ayuda internacional, se restablezca la democracia en su país, al señalar que “Las dictaduras no son eternas, tienen fecha de caducidad”. La presión crece -desde diferentes nichos- todos los días sobre el régimen de Daniel Ortega. Desde Washington se han dado los primeros pasos de un proceso irreversible, por lo que aparentemente se ha iniciado la cuenta regresiva para el régimen dictatorial de los Ortega.