Eso es lo que le ha sucedido a Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Reserva Federal. Si fracasa, hay más en juego que la integridad institucional de la Reserva Federal. También se produjeron fallos de cumplimiento interno y se cometieron numerosos errores de previsión. Según se informa, se está planteando modificar el formato y la frecuencia de las ocho reuniones anuales de política monetaria para fomentar un debate más riguroso y mejorar la toma de decisiones. Si los mercados se resisten obstinadamente a la Reserva Federal, el riesgo de inestabilidad financiera, que se ha ido gestando desde hace tiempo, se intensificará.