En 1976 en Caracas fueron quemados ejemplares de Del buen salvaje al buen revolucionario. Cuba era un lugar apropiado para que del buen salvaje brotara "un buen revolucionario, incontaminado por el estalinismo", que simboliza el Che Guevara y su "hombre nuevo". De la fábula indigenista y antiimperialista se deduce que "la caída del buen salvaje podrá ser vengada (y restaurada la situación anterior de beatitud natural) solo por el buen revolucionario". Habla también de los curas de izquierdas y "las coincidencias tácticas y la simpatía mutua entre cristianos y comunistas", unidos contra el liberalismo, por el ascetismo de la suma cero, y la aversión a los protestantes de Estados Unidos. El libro se excede en su aprecio por Carlos Andrés Pérez, Eduardo Frei, y el aprismo; en su caricatura de la España mercantilista; y en su optimismo sobre una Venezuela próspera gracias al petróleo y donde "es más probable la aparición y éxito de líderes que no sean demagogos irresponsables en ese país que en algunos otros de América Latina".