No es la primera vez, ni será la última, que desde Rabat se lanzan avisos a España cuando confirma la debilidad de La Moncloa. Pero las cosas no suceden porque sí; suelen ir acompañadas de negligencias o errores de bulto en la gestión política. Y, en este caso, la avalancha ha demostrado que la seguridad de nuestra frontera ha fracasado. A simple vista, no parece que se hayan reforzado las medidas de seguridad, ni por tierra ni por mar. Y, lo que es peor, negar la solidaridad que España y la Unión Europea deben mantener con los menores de edad que llegan en circunstancias penosas.