En el mundo de la educación pasamos décadas en un paradigma: pensamos que el gran reto era introducir cada vez más tecnología en las aulas. ¿Estamos ayudando a desarrollar el cerebro de nuestros niños o, en lugar de ello, estamos sustituyendo el trabajo que necesitan hacer para desarrollarse? La escuela es el gimnasio donde el cerebro aprende a pensar. El cerebro que desarrolló al intentarlo será el que años después pueda comprender un problema complejo, formular una hipótesis, detectar un error o imaginar una solución. Puede funcionar como el andamio que ayuda a construir un edificio, pero si el andamio sustituye toda la construcción, el edificio nunca llega a levantarse.