A dos siglos y medio de haber publicado La riqueza de las naciones, Adam Smith parece un extraño Adán. Saludado como fundador, Smith, al revés que Adán, no fue el primero, ni en economía ni en liberalismo. Siendo un pensador poco ordinario en sus enfoques, también fue una persona rara en sus hábitos. Concluye la profesora Breashears que Smith fue un profesor despistado que podía ver más que los demás. Por eso Dugald Stewart evoca los versos del obispo Barnard en los que elogia a Adam Smith porque "enseña a pensar".