Ladrillo y cerámica; tonos verdes y rojizos, y una clara estética orientalista se fusionan en el primer edificio que diseñó Antoni Gaudí en Barcelona, y cuya construcción concluyó en 1885. El revestimiento de cerámica con motivos florales está muy presente en todo el conjunto, especialmente en elementos como el templete que corona el edificio -a la derecha-. En el siglo XVIII, en los terrenos donde ahora se alza el monumento, los carmelitas construyeron una casa de convalecencia. Durante el tardofranquismo, el gran jardín fue dividido en parcelas, que se vendieron para construir promociones residenciales en un momento en el que la ciudad experimentó un crecimiento vertiginoso. Además, destaca la responsabilidad que supone gestionar un activo que en 2005 fue inscrito en el Patrimonio Mundial de la Unesco.