De hecho, un estudio global de Randstad con 26 mil trabajadores encontró que el balance vida-trabajo ya es el principal motivador laboral a nivel mundial, incluso por encima del salario. El problema, pienso, es que muchas organizaciones siguen usando una definición de éxito que dejó de hacer sentido en el mundo actual. El crecimiento es más que un ascenso. Y, sobre todo, que ya cuestionen la idea de que el trabajo merece cualquier sacrificio. Las que no, seguirán atrapadas en un diagnóstico erróneo, mientras las nuevas generaciones redefinen, frente a nuestros ojos, lo que significa crecer profesionalmente.