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El mito de la educación
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El Financiero
Como tantas otras cosas, la educación pública en México inicia en el Porfiriato, pero el régimen de la Revolución borra ese origen y se apropia del tema.
El 20 de julio de 1934, Plutarco Elías Calles lanza su famoso ‘Grito de Guadalajara’: “La revolución no ha terminado... Es necesario que entremos en un nuevo periodo, que yo llamaría el periodo revolucionario psicológico: debemos entrar y apoderarnos de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud, porque son y deben pertenecer a la revolución... porque el niño y el joven pertenecen a la comunidad... (y la revolución debe) desterrar los prejuicios y formar la nueva alma nacional”.
Lo primero implicaba adoctrinar en el Nacionalismo Revolucionario mientras lo segundo provocaba un aprendizaje limitado: la única manera de garantizar el promedio, en educación, es hacia abajo.
Los resultados en la prueba PISA confirman esto: en el promedio, México se encuentra en los primeros lugares de América Latina; en la proporción de jóvenes en niveles de excelencia, estamos en el sótano.
Son hijos de la expansión absurda de la matrícula, y nietos de quienes creyeron en el cardenismo y, en su versión fársica, el echeverrismo.