Mientras el árbitro electoral observa impasible, el partido en el poder ha decidido convertir al país en un enorme escenario de promoción política permanente. Sin embargo, en la práctica parece existir una legislación para la oposición y otra muy distinta para Morena. El primer escalón sería una diputación federal; posteriormente, la gubernatura de Tabasco y, finalmente, la candidatura presidencial de Morena en 2030 para suceder a Claudia Sheinbaum y garantizar la continuidad del llamado obradorato. El objetivo sería preservar el obradorato como fuerza dominante durante varias décadas. Los liderazgos no se heredan por decreto, el carisma no se transmite por parentesco y el respaldo popular tampoco se construye únicamente con un apellido.