A cuatro kilómetros de la frontera con Marruecos, en la ciudad autónoma de Ceuta, se erige como una metáfora de piedra de más de cinco metros de altura la representación de la ninfa Calipso, aquella que retuvo durante siete años a Odiseo en la mítica isla de Ogigia. En la historia homérica, actualizada hoy por Christopher Nolan, Calipso representa el viaje suspendido: la promesa de partir convertida en encierro. En pocas horas desbordaron la ciudad, paralizando la vida cotidiana local por la ocupación del espacio público y el desabasto de productos básicos, y dejando un centenar de víctimas mortales por avalanchas humanas y ahogamientos. Rabat observa con especial desconfianza este acercamiento con un rival histórico con el que se disputa el dominio del Sáhara Occidental. En el fondo, la crisis de Ceuta condensa a la perfección los problemas de nuestro siglo: polarización política, avance de la ultraderecha a través de discursos antimigrantes, ruptura del multilateralismo, falta de oportunidades en el sur, desinformación, fake news y lógicas de la viralidad que dominan el debate público.