Las tardes en las que la hubo, Héctor rayó a un gran nivel taurino en cuanto a disposición, oficio, pero sobre todo expresión. Ahora bien, la forma en la que lo hizo ha sido un golpe de autoridad. Suavidad en los toques, unas muñecas privilegiadas para prender las embestidas en el vuelo de su capote y su muleta, ralentizando las acometidas de los toros. Zapatillas enclavadas, firmeza en el cuerpo y acompañamiento con el pecho, barbilla encajada y dimensión en el trazo de lances y muletazos. Belleza y empaque en su toreo, verdad y limpieza, suavidad y poderío.