En las entrevistas concedidas el 30 y 31 de julio, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, introdujo un nuevo eje para explicar los audios difundidos sobre el caso de su visa: una “emboscada psicológica”. Si ya había consultado abogados porque la situación le resultaba inusual, ¿por qué recibió posteriormente en su oficina a la persona que formulaba esos planteamientos? En sus respuestas, la gobernadora ha insistido en una distinción: nunca habló de seguridad nacional; únicamente de seguridad pública, de la información que se comparte habitualmente en las mesas binacionales. La explicación ya no se concentra en por qué avanzó cada paso de la secuencia, sino en describir el miedo, la presión y la sorpresa que produjo esa experiencia. Y entre una cosa y la otra existe una diferencia que ninguna democracia debería perder de vista.