Hay un patrón que preocupa a quienes ejercen la libertad de prensa y quienes la defienden que tiene eventos que corren en paralelo. El “efecto corruptor” de Zaldívar, nunca se volvió a utilizar en ningún caso, reflejando la discrecionalidad y el interés político para construir un relato fácil de entender. Lo que era un asunto de sentido común, se convirtió en una cruzada de odio y desprestigio contra Loret. Vallarta está en su derecho de ir por la vía legal contra ellos, pero la anomalía que envuelve su iniciativa es la disposición presidencial para que lo respalden jurídicamente. Se desconoce si Vallarta está al tanto de la instrucción presidencial, donde la responsable de que se alineen los jueces en contra de los periodistas será la secretaria Rodríguez, que se formó, paradójicamente, en la prensa.