En mayo de 2006 se estrenó Una verdad incómoda, protagonizada por Al Gore, y dirigida por Davis Guggenheim. Y la verdad incómoda fue que lo que decía Al Gore no era verdad. Como escribió Emilia Landaluce en El Mundo: "El catastrofismo -una suerte de milenarismo a-Gore-ro- convirtió esta ciencia climática en las nuevas escrituras de una religión. Sánchez, como Al Gore, también se empeña en discernir entre creyentes y negacionistas (un término que antes estaba reservado al campo semántico de la Shoah)". El tribunal reconoció que la premisa básica -que el planeta se calienta por acción humana- era válida, pero determinó que el documental contenía exageraciones y distorsiones.