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Respetar la autodeterminación no debe significar convalidar a sátrapas
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El Financiero
La cantaleta de la “autodeterminación de los pueblos”, a la que alude la presidenta Sheinbaum en el caso de Nicaragua, ya no puede ser usada como excusa para convalidar regímenes dictatoriales y represivos, como el de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, copresidenta.
Es correcto que Sheinbaum enarbole la autodeterminación de los pueblos y la máxima juarista del respeto al derecho ajeno.
Nadie le está pidiendo que se entrometa en asuntos propios de otras naciones cuando esas determinaciones son producto de la libertad y la democracia.
La izquierda se ha visto desplazada en la región por el auge del conservadurismo, la ultraderecha y los movimientos pseudolibertarios que cancelan derechos humanos.
Por eso causó tanta indignación la presunta carta que el embajador de México en Nicaragua, Guillermo Zamora Villa, habría dirigido a la pareja presidencial.