Datos brillantes, sin duda, pero que fueron eclipsados por la situación de los incendios y por la corrupción rampante que afectan al PSOE y a la familia de su líder. Ahí se le mudó la cara y se volvió a ver al presidente nervioso, agresivo y regateador ante las cuestiones más complicadas. Tal vez por eso, lanzó una amenaza al público: "Todavía me queda un año", afirmó haciendo referencia a que la legislatura puede durar hasta julio de 2023. Lo dijo como si acabara de llegar a La Moncloa, cuando lleva casi ocho años gobernando y la situación va a peor. Y, por supuesto, una tanda de ataques a la oposición, a la que sigue despreciando.