Capital administrativa y cultural del valle, esta villa sorprende por sus casonas palaciegas, su ambiente noble y sus paisajes de postal que alcanzan su máxima belleza en octubre. Elizondo está lleno de palacetes y casas medievales que recuerdan la prosperidad de sus antiguos hidalgos e indianos. Elizondo fue escenario de importantes decisiones políticas en la Edad Media, y todavía conserva la tradición del batzarre, la asamblea vecinal en la que se debatían cuestiones de la vida cotidiana. Esa mezcla de nobleza y espíritu comunitario late también en su plaza de los Fueros y en la iglesia de Santiago, trasladada piedra a piedra en 1918 tras un polémico derribo de su templo original. Elizondo está rodeado de hayedos, crestas escarpadas y regatas cristalinas, que en otoño tiñen el paisaje de ocres y rojos intensos.