El ikigai es la intersección de cuatro elementos: la pasión, la misión, la vocación y la profesión. En otras palabras, lo que amas, a lo que te dedicas y sabes hacer especialmente bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pueden pagar. Su ikigai no era la guerra, sino la perfección de su propio carácter a través de la práctica marcial, la poesía, la estrategia, la filosofía y la estética. Lo que el mundo necesitaba de los samuráis era que sirvieran a su señor, a su clan, a su comunidad. Hoy en día, la conexión entre el propósito personal o ikigai y el propósito corporativo no puede estar más de moda.