Y muchas más que no se cuentan: aquellas que provocan la deshidratación, el hambre, las enfermedades no tratadas o el calor. Una mujer mayor contaba entre lágrimas: “Me caí en la cola y nadie me ayudó… Regresé sin harina ni arroz”. Para las personas mayores, el sistema impulsado por Israel y Estados Unidos resulta completamente inaccesible. Una mujer mayor de Rafah relataba la impotencia y la desesperación que ella y su marido habían sentido: “Mi marido cayó enfermo durante la noche. Como potencia ocupante, Israel tiene la obligación legal —y moral— de garantizar condiciones dignas de nutrición, salud, refugio o seguridad para la población civil, y de atender las necesidades específicas de las personas más vulnerables, entre las que se encuentran las personas mayores.