En otras palabras, mentir a las mujeres para amedrentarlas. Y lo que me parece aún más grave: disponer que estas mentiras provengan del personal sanitario, de esos profesionales a los que confiamos nuestros cuerpos, nuestra salud, nuestra vida, lo más íntimo y valioso que tenemos. Tan solo un día después, el propio alcalde de Madrid reconoció públicamente que dicho síndrome no está avalado por la ciencia y que, por tanto, la obligación pasa a ser un “ofrecimiento”. Lo llaman cuidado, protección, estar a favor de la vida. El supuesto trauma ha sido utilizado durante décadas por grupos ultracatólicos que se dedican a increpar y culpabilizar a las mujeres a las puertas de las clínicas.