La primera y más significativa es que se comprueba que el empleo no deja de crecer y el paro de disminuir en un momento en el que no suele suceder así, como es el fin de la temporada turística a la conclusión del verano. Lo más relevante es que parece descartarse el diagnóstico de algunos, en el sentido de que se podría estar entrando en una fase de cierto agotamiento del crecimiento del empleo, que conduciría a su ralentización, cuando no a su congelación. No parece que esto se vaya a truncar en el corto plazo, lo que indica que el crecimiento económico del PIB, que se mantiene sólido, se sigue trasladando al empleo en términos netos. Esto nos permite ser moderadamente optimistas, especialmente cuando superamos los porcentajes comparados de crecimiento del empleo en el resto de Europa, claramente inferiores a los nuestros. El crecimiento del empleo se produce gracias a la inmigración, en torno al 40% del empleo creado en el último año.