Fruto, en gran medida, de sus distintos ritmos en el convulso ciclo de negocios post-Covid, pero también por su divergente previsibilidad financiera. Y que España está haciendo sus deberes y no solo por encabezar el dinamismo entre las potencias industrializadas en los últimos años, sino por su compromiso con el ajuste, tal y como se aprecia en el siguiente gráfico. Ahora, coquetea con la griega que, en la década pasada, fue la bestia negra de la divisa común en el peor momento de su historia, con peligro de extinción de por medio. “Seguimos preocupados; no vemos que el gabinete de Sébastien Lecornu tenga más opciones de éxito que el de François Bayrou para articular reformas estructurales que aporten credibilidad al país”, advierte Mohit Kumar, economista jefe para Europa de Jefferies. De hecho, en septiembre, generó 31.500 nuevos empleos y registró 4.900 parados menos en un mes en el que la tasa de desempleo suele aumentar.