Pero como el poder ya no sabe distinguir entre el simulacro y la experiencia, ha decidido convertir la ciudad en un circuito y el circuito en una pantalla. Es decir, un tipo raro que no entiende que lo importante no es la movilidad, sino la visibilidad. Y en él se refleja la ciudad que somos: rápida, vacía y cada vez más ajena a los que la habitan. Que Madrid se pondrá en el mapa. Madrid es el circuito.