El plan de Trump no es una propuesta de negociación ni un proyecto con derechos para el pueblo de Gaza. Plantea entregar Gaza a “un comité palestino tecnócrata y apolítico” para gestionar los servicios públicos y los municipios de la Franja. Es decir, cerrar el derecho y el deber legal de garantizar rendición de cuentas ante la ocupación, la segregación racial y el genocidio. No hubo prevención para evitarlo y ahora no solo no hay sanciones para frenar la impunidad israelí, sino que Washington propone recompensas para Israel y para Trump. Gaza sienta un precedente en la región y en el mundo.