Por extraño que suene, la ignorancia puede ser la mejor amiga de la cultura; y no en el evidente sentido de que le da de comer de higos a brevas, sino en el nada evidente de ejercer de guardaespaldas. No, no es que se censure solamente a autores fallecidos (sería de lo más peculiar); es que me parecen los más recomendables de los diez primeros puestos de cada lista. No, no es que se censure solamente la narrativa; es que, como la narrativa vende más que la poesía o el teatro, suele monopolizar el podio de la censura en las bibliotecas. A estas alturas, harían bien en preguntarse cuál es la situación en Europa y, en concreto, en España, ya que vivimos aquí. Lo que está claro –o eso creo– es que, puestos a elegir entre una supuesta cultura que se basa en la prohibición y una incultura sin más que no prohíbe por desconocimiento, me apunto al “gracias, ignorancia” que abre estos párrafos.