Pretender que, pese a la urgencia, todo sigue igual hará prevalecer el poder desbalagado que terminará por complicar aún más la situación. La coyuntura, la geografía, la dependencia y la asimetría obligan actuar con enorme imaginación, esmero y pragmatismo sin arrumbar principios: resistir sin confrontar, conceder sin complacer, cooperar sin entregar, librar sin tropezar. Es hora de administrar y cuidar el poder, sobre todo, si –llegado el caso– es menester ejercerlo a fondo. Revela que, en la apariencia concentrado, el poder es disperso, no suyo. ...El tiempo llama a administrar y ejercer el poder con esmero, no ha desbalagarlo, cuando pende sobre el país una amenaza.