Y es que, en ese equilibrio entre voluntad política, capacidades militares y base económica, la industria de defensa se ha convertido en un actor central de la disuasión operativa. Los ponentes apuntaron, además, que la disuasión ya no puede entenderse como la suma de dominios estancos. En su intervención subrayó que la clave reside en concebir la defensa como “un sistema de sistemas”. “El elemento principal que va a marcar nuestra capacidad de disuasión es la tecnología”, apuntó e insistió en que la competitividad en programas internacionales es esencial para mantener la soberanía. Aunque el talento no es el problema, García‑Muñoz señaló dos factores clave: la escala y la velocidad.