El objetivo es crear un gadget vestible pensado desde el inicio para la inteligencia artificial, siempre activo y que prescinda de la pantalla. No es la primera vez que la industria ha fracasado con dispositivos que pretendían ir más allá del smartphone. En su opinión, el mayor desafío de estos dispositivos sigue siendo el propósito y el precio. "Se suman a la cartera de dispositivos que ya tenemos y de los que no podemos prescindir, como el móvil y el ordenador". Sin embargo, nada indica que las gafas vayan a dejar de ser un producto de nicho a medio plazo.