Comprar una casa que haya pertenecido a una estrella de Hollywood o de la música es más que una operación inmobiliaria: es una mezcla de inversión patrimonial, fetichismo cultural y, en algunos casos, una apuesta arriesgada, dado la impronta personal que suele definir a este tipo de activos. Además, la prima que se paga por vivir donde antes lo hizo alguien famoso suele ser cara. Entre los espacios interiores destacan una galería de casi diez metros y una biblioteca con una altura de dos pisos, además de gimnasio y una piscina cubierta climatizada. Se trata de la casa de Woodland Hills, en Los Ángeles, por la que piden 2 millones de dólares (1,7 millones de euros). En el interior no faltan materiales de lujo, desde piedra natural hasta maderas nobles.