Se firmaron tratados, se crearon organismos y se multiplicaron las cumbres. El resultado, sin embargo, se repite: bajo comercio intrarregional, escasa articulación productiva y una integración que rara vez logra llegar al territorio. Los Estados-nación quedaron atrapados en el péndulo ideológico y el corto plazo político, incapaces de sostener instrumentos que sobrevivan a su propia alternancia. Así, la integración se volvió una promesa recurrente que nunca alcanza madurez. Cuando la retórica falla, el sistema se reordena.