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La mañanera presidencial
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El Financiero
Sheinbaum no es López Obrador; de hecho, nadie en la memoria de los presidentes mexicanos puede llenar la horma de él.
La volvió plataforma de interlocución nacional, y cuando llegó a la Presidencia la volvió una herramienta de propaganda y una hoz para cortarle la cabeza a quien se le atravesara.
Con Trump de regreso al escenario político, la mañanera entró en una zona que no sabe operar: la del poder que no escucha.
La vimos caer más en la imagen pública cuando para probar que el canadiense Ryan Weeding se había entregado en la embajada estadounidense para enfrentar acusaciones de narcotráfico, se apoyó en una fotografía de él entrando a la misión, que resultó que era producto de la inteligencia artificial, que la obligó a reconocer que su gobierno no tenía idea de cómo había terminado en manos de los fiscales enviados por Washington.
La mañanera fue el corazón del obradorismo, como la conocemos, ha entrado a su fase final, aunque en el régimen no se quiera admitir.