Un equipo que entendió que en el beisbol profesional ganar una vez no alcanza, que sostenerse es el verdadero reto. Y Charros no solo se sostuvo: dio un paso al frente y lo hizo con autoridad. En una liga donde muchas veces el ego juega más que la pelota, Charros apostó por el orden y la disciplina. El que entiende el juego sabe que eso vale más que cualquier highlight. El veredicto es simple y contundente: Charros es bicampeón porque fue el mejor.