Esta playa es el ejemplo de lo que no debe ser nunca el litoral: espigones que interrumpen la corriente de deriva e impide el tránsito de los sedimentos arenosos desde la desembocadura del Guadalquivir, construcción de edificios y muros en la misma playa que, incumpliendo las normas de la Ley de Costas, provocan un aumento de la erosión durante los temporales de invierno detrayendo la arena que se aporta año tras año de forma infructuosa… Para esta supuesta regeneración ni siquiera se ha utilizado en algunas temporadas arena de playa, sino de una cantera de la cercana Sierra de San Cristóbal.