Atrás quedaron tiempos gloriosos, donde las fuentes monumentales de los jardines rebosaban agua en sus vasos y sonido refrescante de chorros y cascadas; tal acontecimiento, sumado al arte de sus tallas en piedra, plomo, bronces, el verde y colorido paisaje de fondo y la ingeniería hidráulica en forma de juegos de agua que brotaba por sus caños, situaban nuestra ciudad como punto de contemplación, estudio de sus prodigios, aventura de la mente y deleite del alma.