Hay pueblos que se visitan y otros que, sencillamente, parecen haber sido colocados en el lugar perfecto para ser contemplados. El recorrido obliga a dejar atrás el Mediterráneo y adentrarse en una Málaga de montañas, olivares, almendros y pequeños pueblos blancos. No es casualidad que el municipio sea conocido como el «Balcón de la Axarquía». Es precisamente esa adaptación al terreno la que hace que Comares tenga una fisonomía tan particular. Frente a las playas llenas de sombrillas, los paseos marítimos y las temperaturas de la costa, el interior ofrece una escapada marcada por el paisaje y la tranquilidad.