Los israelíes deben recordar dos distinciones: Sánchez no es España, y Marruecos no son los Acuerdos de Abraham. La hostilidad de Sánchez hacia Israel ha sido enérgicamente cuestionada por la oposición y la sociedad civil. Esto no significa que los judíos estén necesariamente en peligro en el Marruecos contemporáneo, ni resta mérito a las iniciativas positivas del rey, pero debemos desmitificar este romanticismo. Mientras que Marruecos muestra una actitud cordial en la superficie, pero una profunda hostilidad en el fondo, España hoy en día es hostil en la superficie, pero potencialmente mucho más prometedora en el fondo. Debería confrontar a Sánchez con firmeza sin confundir a su gobierno con España ni alienar a una sociedad que le sobrevivirá.