La NBA ha dejado claro que su calendario ya no es simplemente una herramienta para ordenar 82 partidos por equipo: es una arquitectura de entretenimiento. La Navidad tiene además una dimensión histórica para la NBA. La liga sabe que una estrella no abandona necesariamente una historia cuando cambia de equipo; muchas veces la historia aumenta su valor precisamente por la distancia. Empieza desde el momento en que se anuncian estos enfrentamientos y el público comienza a imaginar escenarios, rivalidades y posibles finales. La NBA ha entendido que, en una economía dominada por la atención, organizar bien el espectáculo puede ser tan importante como organizar bien el torneo.