En el año 939, Abderramán III llevaba diez años como califa de Córdoba. El 19 de julio de 939 se produjo un eclipse de Sol que fue visible en la Península Ibérica y que llegó a ser total en algunas zonas. Las crónicas medievales mencionan el eclipse y el temor que produjo entre los combatientes. En la zona de Simancas, el Sol llegó a ocultarse aproximadamente en un 95 por ciento, aunque allí no alcanzó la totalidad. Pero hay algo que permanece: durante unos minutos, la Luna volvió a colocarse entre nosotros y el Sol, y el día volvió a convertirse en noche.